el cura de mi pueblo

el cura de mi pueblo es joven, lleva un año en el pueblo y poco a poco se va haciendo sitio. El cura de mi pueblo no es como el resto de curas rurales que conozco, le gusta ir bien vestido, con los zapatos limpios, gafas de sol y buen coche. al cura de mi pueblo le gusta irse a la ciudad a comer con sus padres. al cura de mi pueblo se le nota que no le gusta el pueblo. no le juzgo, a mi tampoco me hace mucha ilusión tener que vivir en un pueblo y estar encargado de otros cuantos, es cierto soy un hombre urbano y prefiero la ciudad. si la vida de un cura ya es harto solitaria, no quiero ni imaginar cómo tiene que ser la vida de un cura de pueblo en mi castilla natal, sobretodo en invierno. para ser cura de pueblo hace falta vocación, igual que para ser cura de ciudad, para ser capellán de la cárcel y para cualquier otra encomienda. es necesario que entendamos esto. no todos valemos para todo, no a todos nos gusta todo, así es la vida. hay mucha gente que me pregunta que porqué no me voy de misiones a áfrica o ámerica (curiosasmente nadie me pregunta por asia) a lo que yo respondo que tengo demasiadas cosas que hacer aquí como para irme a otro sitio.
empecé hablando del cura de mi pueblo pero no quiero hablar de él, tampoco quiero hablar de mí ni de la vocación, no es ese el objetivo. quería reflexionar sobre lo importante que es que cada uno se sienta cómodo y agusto con lo que hace y en el sitio en el que está. los que vivimos sujetos a obediencia algunas veces llevamos esto un poco mal, sobretodo cuando nos destinan a algún lugar diferente a nuestra forma de ser. podemos confiar en la oración, en responder a la voluntad del señor, pero es cierto que como al cura de mi pueblo se nos puede notar que no nos gusta, y de eso la gente se da cuenta. seguro que mientras lees esto piensas que no me encuentro cómodo en el lugar en el que estoy, todo lo contrario. podemos llamarlo como queramos, dios, la obediencia, el destino, pero a veces la vida nos coloca en situaciones en las que no nos encontramos agusto, pero no podemos dejar que los que están a nuestro alrededor se dé cuenta de ello, ellos no tienen la culpa, ni tampoco sumergirnos en un mar de infelicidad. el camino es buscar nuestro sitio, pero no como espacio físico, sino saber responder a lo que la vida nos va deparando en el día a día, estemos a cómodos o no.
de momento esta es la teoría, ya os diré como me va con la práctica.
el cura.

~ por el cura en Marzo 12, 2009.

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