la vida sin móvil
en una de estas veces que me da por pensar, y son pocas, me doy cuenta en un momento de la tarde que llevo todo el día sin usar el móvil. ¿qué raro? así que compruebo que todo está bien, que el sonido funciona, que tengo cobertura y todas esas idioteces que hacemos a veces. comprueba la lista de llamadas entrantes y veo que no sólo hoy, sino que llevo dos días sin recibir llamadas, ninguna. alguna en las salientes si que había.
la primera reacción es de perplejidad, normalmente suelo ser una persona pegada a un aparatito, siempre localizable, 7dias24horas, pero hoy no toca.
la segunda es de tristeza, ¿qué habré hecho que nadie quiere hablar conmigo? ¿ya no cuento?, claro acostumbrado a llamar y ser llamado, la ausencia del pi pi pi piii provoca cierto síndrome de abstinencia.
pero a la vez la tercera sensación es de alegría y liberación. ¡¡por fin libre del cacharrito!!, lo mismo no es tan necesario. lo mismo puedo vivir sin él, y el engaño al que me llevo, los demás también pueden vivir sin que yo lo lleve encima.
en estas estoy cuando me doy cuenta que le falta batería. movido por la inercia lo conecto a la red y ahí lo dejo. liberado de mi carga voy a la sacristía a prepararme para la misa de la tarde. al concluir vuelvo a la rutina y sin recordar nada de la euforia anterior miro mi móvil, tres llamadas perdidas y buzón de voz. devuelvo las llamadas. sube la adrenalina, y mando un sms. pasó la abstinencia, cuelgo. ufff, ¡qué felicidad una hora antes cuando me sentí un hombre liberado!
pi pi pi piiii. -siiiiii, dígame…..
soy hombre de constumbres.
el cura.


Escribe un comentario