descafeinado sin azúcar…
… y con leche desnatada, por favor, se oye al fondo de la barra. ¿qué estará tomando? me pregunto. café que no es café, edulcorante que no es azúcar y leche que no sabe a leche. estoy en la barra esperando a que venga un amigo para charlar, pasar una tarde de domingo agradable, y quizás ir al cine. él también es sacerdote. llega, tarde como siempre, se sienta a mi lado y se pide una cerveza sin alcohol. y otra vez la pregunta asalta mi cabeza ¿qué estará tomando? cerveza que no es cerveza. miro a mi alrededor y veo varias botellas de coca-cola ligth, paquetes de tabaco bajo en nicotina, chicles sin azúcar,…. y la pregunta sigue bombardeando mi cabeza. mi amigo se da cuenta y pregunta ¿qué te pasa? entonces miro mi vaso medio lleno, veo como los cubitos de hielo se desacen junto a la rodaja de limón, entonces me doy cuenta de la botella de nestea que hay al lado, té que no es té, cojo mi chaqueta y le digo, nos vamos…
salimos, mi amigo no da crédito a lo que me pasa. vamos rápido, le digo. cruzamos un par de calles y llegamos a un parque cercano, busco un banco a la sombra y me siento. invito a mi amigo a sentarse. lo necesitaba, le digo, necesito el contacto con algo que sea de verdad, necesito sentir estos árboles, esta hierba, estos pájaros, la mosca que molesta, necesito ver que el mundo en el que vivo es real, que tiene esencia. que no es un mundo light, sin azúcar, descafeinado.
charlamos, conversamos, compartimos cosas de nuestra semana, de la vida que hemos vivido y cómo nos han afectado. hablamos de la vida real hasta la noche. hoy no hay cine, no hay interpretaciones, sólo la vida real del día a día.



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